¿Estás seguro de que todo puede ser perfecto?
Porque, cuando creemos que sí, suele venir la sorpresa.
Durante años he estado —y sigo— buscando cómo hacer el plan perfecto, la clase perfecta, la receta perfecta.
Pero he aprendido que no existe.
He llegado a la conclusión de que con bases sólidas y estructuras moldeables, mi cabeza respira mejor y el ruido se reduce.
Con esos dos ingredientes sobrevivo.
A veces me pierdo en el laberinto de la perfección.
Me cuesta salir, pero cuando lo consigo, respiro y me digo:
“uff… qué fácil es ahora que lo he simplificado”.
Antes de llegar a ese “uff, qué fácil”, me enredo entre tablas, dibujos y esquemas intentando llegar a una conclusión.
Y, muchas veces, la simplicidad está delante de mí, solo que no la veo.
¿Por qué?
Porque me gusta entrar al laberinto.
No porque lo simple no sirva, sino porque creemos que lo complicado siempre es mejor.
Así que me compro un ticket y vuelvo a recorrer el laberinto de mi cabeza…
hasta que llego otra vez a ese punto de claridad donde todo encaja.
Y respiro.
Y repito: “uff, qué fácil”.
No hay plan perfecto.
Solo bases sólidas y conceptos modulables.
Es decir: activa el modo Bambú.